lunes, 1 de agosto de 2011

Cueca brava sobre el antiguo Matadero Franklin



¿Permanece parte de nuestra cultura criolla sobre la cuasi-desarrollada capital?
Un interesante dato: El Club Matadero, centro cultural y salón de baile, está ubicado en pleno barrio Franklin, en un segundo piso por Santa Rosa, entre las calles Bío Bío y Placer, y se levanta, justamente, sobre el antiguo matadero.

El local, bien agradable y acogedor. Se puede acceder de fácil manera en micro o metro a solo un par de cuadras. Lo que si, a las horas que se sale (se haya comido y bailado cuanto sea) debe estarse dispuesto a caminar, esperar o compartir un taxi. Para quienes no vivimos por el sector, claro está. Se trata de un espacio mediano con aires y decoración tipo "Quinta de recreo", en la cual hay una barra sencilla entrando a la izquierda, mesas de distintos tamaños, sillas, pisos y bancas concentradas hacia un lado, y un escenario al fondo, que según los entendidos, se ha transformado en el último año en un muy buen escenario para la cueca local en la capital chilena. Lo que no quita que en ese lugar se lleven a cabo variadas acciones de arte y cultura.

Sorprendente la cantidad de gente que puede llegar a juntarse los días de eventos, a tal punto que queda poco espacio para desplazarse o incluso animarse a bailar un par de patitas. La atmósfera es muy entretenida. Un sonido a resaltar para las características del local y la carta propuesta súper llamativa; con empanadas, sanguches de pernil, botellas de vino, cervezas, terremotos y combinados, entre otros manjares para amenizar la noche, aunque pueden tener la mala suerte de ir un día de mucha concurrencia y tener que aguantar hambre y sed por un rato mientras se reabastecen.

Muy positivo que sigan abriéndose y ampliándose los espacios para la escena cuequera (brava, chora, tradicional o la que se quiera) incluso en nuestra ciudad, a veces falto de ritmo y sobrante de individualismo y contaminación. Habrá que darle las gracias y los aplausos correspondientes a quienes plantaron estas semillas de “rescate” o “re-popularización” de la cueca chilena. Tanto músicos de las últimas épocas de gusto masivo que han vuelto a colocar ritmos y a viejos baluartes de este estilo sobre los escenarios, como Álvaro Henríquez, así como también las bandas jóvenes (y no tanto) que cada día son más en esta área. Daniel Muñoz y los 3 x 7 Veintiuna, Los Trukeros, Las Capitalinas, La Gallera, De Caramba, Calleboca y tantos más. Lo anterior sumado a los inolvidables sobrevivientes de la continua historia criolla musical, se ve aumentado con la fauna diversa que goza de lo lindo en este tipo de recintos oyendo, viendo y bailando junto a ellos.

En fin, en Club Matadero la organización puede llegar a verse sobrepasada por la masa de asistentes y se torna un poco agobiante el aire entre el pucho y el calor humano, pero esto demuestra lo prendido que está este centro cultural y salón de baile. De todos modos, me alegro por la propuesta y se los recomiendo a todos quienes gusten oír buena música en vivo, degustar clásicos criollos a precios razonables y, por supuesto, pegarse unas buenas patas de cueca, y también las infaltables cumbias pachangueras envasadas.

Enlace: Club Matadero

sábado, 23 de julio de 2011

De la memoria de museos a series de televisión



¿Qué tiene en común el Museo de la Memoria con Los archivos del Cardenal? Algo bien sencillo: la memoria. Este concepto, paradójicamente, es uno de los que, a veces, menos retenemos. Más allá de definiciones de diccionario, es interesante mencionar que la memoria conforma parte trascendente de nuestra identidad. De lo que realmente somos y nos determina como individuos, y también como sociedad.

La memoria, según plantean algunos teóricos humanistas, se suma al diagnóstico y a las proyecciones, dentro de esta triada que determina la esencia misma de un grupo o entidad. No es extraño entonces que día a día se hagan esfuerzos para mantener en el presente, aquello del pasado que guiará, o abrirá caminos alternativos con dirección a algún futuro. De allí que toman fuerza los proyectos históricos, artísticos, culturales, políticos o comunitarios alrededor de la evocación. Con fines absolutamente nutritivos, más o menos trágicos o cómicos, tanto en quienes protagonizaron ese pasado, como en quienes la observan tras la vitrina ultra-moderna de una gran multitienda llamada “opinión pública”.

Chile, en lo particular, y no por ello ajeno a realidades universales comparables, conecta comúnmente el tema de la memoria con su política y su historia social del siglo XX. En especial, el Gobierno de la Unidad Popular y el Golpe Militar, con su posterior régimen, dan cuerpo a una memoria ineludible, aunque por muchos conductos se haya intentado forzar a la amnesia colectiva. Actualmente, se cuenta con productos editoriales, fotográficos, impresos, escritos, ilustrados, fílmicos, de audio. Todos ellos colaborando en un gran álbum desarmado que se intenta volver a empastar.

El Museo de la Memoria y los Derechos Humanos; proyecto Bicentenario abierto el 2010 por la entonces presidenta Michelle Bachelet, tiene por objetivo justamente esto: reconstruir un fragmento identitario, de manera integral, del pasado reciente, para ayudar al diseño constante de la sociedad, desde el conocimiento y la reflexión. Con los ojos vidriosos de los más canos y las miradas atentas de los jóvenes, se consigue de forma fina y explícita, un sitio tan presente como atemporal. Además de gratis en su entrada, para quienes aun no se hayan animado a ir.

De ahí a proyectos audiovisuales exitosos, como la bullada y recién estrenada serie Los archivos del Cardenal, basados en documentos y experiencias entorno a la Vicaría de la Solidaridad, el salto es tan grande como natural. Más allá de la calidad de las actuaciones, con Benjamín Vicuña, Daniela Ramírez, Néstor Cantillana, Alejandro Trejo, Francisco Melo, de los guiones, aciertos históricos o estilos narrativos; desde el detalle del fumar compulsivo de todos los personajes a la triste realidad de que la audiencia conoce a la perfección el final de este relato, es notable el que se abran y propongan nuevos productos que vitaminicen la memoria desde los medios masivos. Es interesante cómo los museos o las telenovelas pueden aportar en este sentido, proponiendo el recordar, de manera cercana y directa.

Diagnostico que esta suma de iniciativas, lejos de las disputas sordas de los más politizados, proyectan un futuro más concreto, un proyecto más humano y, probablemente, con más alternativas que el de sociedades olvidadizas, que tienden al peligro de las constantes recaídas.

Sitios relacionados: Museodelamemoria.cl, Los Archivos del Cardenal

miércoles, 15 de junio de 2011

Sodimac y su ejemplar RSE



¿Podrá existir una marca local que cumpla realmente con la Responsabilidad Social Empresarial? La verdad es difícil imaginárselo, pues entre colusiones, contaminación ambiental y maltratos o desigualdades laborales es escasa la esperanza de que alguna empresa tenga aun moral y confianza en temas sensibles con la comunidad, más allá de maniobras legales y espejismos publicitarios.

Si bien hoy el tema de la Responsabilidad Social Empresarial (o RSE) está bien de moda, son pocas las empresas que pueden demostrar que son responsables de manera contundente. Hay muchos premios, mediciones y rankings que tientan a los empresarios a hacer malabares e invertir importantes sumas de dinero en pos de conseguir un buen resultado en ellos. Más difícil es mantener esto y de forma creíble, siendo reconocible y comprobable por todos los públicos que se relacionan con la entidad en cuestión.

Sodimac es una marca chilena dedicada a desarrollar, satisfacer y brindar soluciones para proyectos de construcción, mejoramiento y decoración del hogar. Su filosofía está fuertemente orientada al buen servicio y al compromiso, tanto con la comunidad como con sus empleados. No solo vende insumos, sino que garantiza apoyo en el cuidado del hogar y la familia, principalmente de sus clientes y trabajadores.

Diversos planes y acciones respaldan la RSE de Sodimac. Desde buenas prácticas medioambientales como su plan de ahorro energético, reciclaje de residuos no peligrosos, electrónicos y de baterías de automóviles, hasta sus bolsas plásticas degradables, la medición de su huella de carbono e incluso la construcción, en Copiapó, de la primera tienda verde de Latinoamérica. Son cientos los ejemplos que elevan a Sodimac como una marca cuya RSE es parte de su esencia y compromiso diario. Tal vez algunos no conozcan el detalle de todas sus buenas acciones y planes integrales, pero naturalmente su identidad deriva en una excelente imagen en sus destinatarios. Esto quedó demostrado en el Ranking BAV 2010 en Chile, donde la marca Sodimac ocupa el segundo lugar, justo después de Coca-Cola, y supera a grandes como Nike, Nestlé y hasta la Selección Chilena.

No solo en mediciones externas esta marca chilena de exportación es bien evaluada. Rankings hechos por la Fundación PROhumana, han reflejado en los últimos años la buena impresión de los públicos internos de la marca, donde sus empleados han expuesto las fortalezas de Sodimac en temáticas como derechos humanos, políticas de capacitación y daños potenciales.

Si no basta con lo ya expuesto, vale la pena agregar que en la crisis del 2009 los altos ejecutivos se bajaron los sueldos voluntariamente para evitar despidos masivos, y que luego del terremoto del bicentenario fue de las pocas tiendas abiertas a pocas horas del desastre, sin especular con los precios. Envidiable, ¿no?

Referencias: Sodimac.cl, entre otros.

domingo, 8 de mayo de 2011

Adaptación de una receta chilena: Las humitas en cocina bruja de mi madre.



¿Dónde están los verdaderos legados de nuestras madres? Esta es una pregunta, a mi parecer, no menor por estos días en que el medio nos impulsa a agasajarlas con regalos tan variados, que van desde desayunos a la cama o un contundente ramo de flores hasta relojes pulsera o I-pods.

Fuera de las campañas y ofertones de ocasión, que de todas formas aparecen cada vez que se avecina “el día de…”, vale la pena cuestionarse el lado bueno que podamos exprimirle a estos eventos. En este caso, me pliego a una positiva e interesante iniciativa que surgió hace algunos días entre un grupo de blogueros para encauzar el tema “madres” desde una conexión que seguramente todos tenemos, publicando recetas especialidad de nuestras madres, que nos hacen quererlas aun más y que siempre nos harán recordarlas. Además, si tenemos algo de talento o paciencia podremos mantenerlas y dárselas a nuevas generaciones, incluso cuando ellas ya no estén.

Los blogs detrás de los responsables principales de esta idea, expuesta ya en varios medios digitales (propios y ajenos) e incluso convencionales, como la revista Wikén, son En mi cocina hoy, Cocina de mercado, Mundo de Dulcinea, Chef Potro, La sartén y el mango, y el más importante de todos para mí (que casualmente es el de mi santísima y propia mamá) Cocinarte Chile. Todos ya con posts alusivos a sus recetas maternales favoritas, y a quienes me sumo con mi aporte personal, de una receta de mis favoritas; local y bastante creativa (por no decir mutante), como suele ser todo en la cocina de mi viejita. Para chuparse los nudillos, que en muchos casos (como el que presento a continuación) ocupa energías alternativas y amables con Chile y el planeta.

Huma en olla, para cocina bruja:

¿Qué le lleva?

10 a 12 choclos
1 cebolla picada fina
3 cucharadas de aceite
1 cucharada de azúcar
hojas de albahaca

¿Cómo se hace?

- Pelar y picar los choclos, moler en juguera con un poco de leche (para no fundir el motor).
- En una olla, dorar un poco la cebolla en cubitos, agregar la pasta de choclo molida, revolver agregando el azúcar, sal a gusto, más la albahaca picada fina.
- Siga revolviendo hasta que empiecen a salir burbujas, pruebe y rectifique la sazón.
- Saque del fuego, tape y deje en la cocina bruja por al menos una hora. Puede dejarse más tiempo (no se pega ni se seca o quema).
- Servir directo al plato y si quieres lucirte pon las humas en olla sobre dos hojas de choclo previamente pasadas por agua hirviendo.
- Fácil y sin complicarse la vida.

Buen provecho y feliz día (todos los días del año) a nuestras cocineras de cabecera.

martes, 26 de abril de 2011

Taller Mano Alzada



¿Quién no recuerda alguna cruzada con cariño? Por estas fechas, cuando nos adentramos en el otoño santiaguino y los días se acortan cada vez más, aunque extrañamente el ámbito de movilizaciones estudiantiles ha estado poco movido el último tiempo y recién hoy empezó a olfatearse algo tenue alrededor de las universidades, se viene a mi memoria el Taller Mano Alzada.

Corría la segunda mitad del primer semestre del año 2005, y en Chile estábamos en plena paralización nacional estudiantil frente a la inminente aprobación de la Ley de Financiamiento Estudiantil tramitada en el gobierno de Ricardo Lagos, con Sergio Bitar de Ministro de Educación. Pero no se trataba de una paralización de algunos núcleos universitarios ultra politizados, sino de una verdadera cruzada transversal y masiva, en la que se involucraron universidades y carreras históricamente apáticas a los paros y las tomas. Esta particularidad e impacto a nivel de convocatoria juvenil, provocó acciones y reacciones creativas, todas ellas pacíficas y con excelentes resultados, como hace rato no se veían, llegando a irrumpir programas televisivos exitosos como Vértigo, a tomarse la radio de la Universidad de Chile para transmitir un programa especial denominado Frecuencia ocupada, además de otras múltiples apariciones en prensa, medios de comunicación y mucha vía pública.

Así fue como un grupo pequeño de estudiantes de tercer año de diseño de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) de la Universidad de Chile, espontáneamente se apropió de una sala de taller y comenzó a construir y producir mensajes alusivos a la contingencia. Se trataba inicialmente de un grupo de no más de diez personas que comenzaron a movilizarse desde su área, a través del diseño de carteles hechos a mano. Tengo certeza de la magnitud del equipo, que pronto se bautizó como Taller Mano Alzada, porque formé parte de él como uno de esos estudiantes energéticos. Quizás muchos digan con los años que formaron parte del taller, ya que actuaba silenciosamente y de forma concentrada en la FAU, desde bien temprano y a veces hasta la madrugada. Y nadie pretende negar que el ritmo no era esclavizante, los turnos se daban naturalmente y solíamos pasar el frío y el tedio de la rutina con navegados y otras bebidas amables con la creatividad.

Pero del diseño a mano se pasó a trabajar con plantillas, pintura, spray, experimentando con xilografía y stencils, hasta llegar al sistema más productivo: la serigrafía, con la cual se lograron tirajes impresionantes, que tuvieron los suelos de las salas llenos de afiches que luego se pegaban, repartían o vendían para conseguir fondos para los gastos de las movilizaciones generales. Además de afiches, se gestaron propuestas notables como la intervención del frontis de Casa Central de la Universidad de Chile con post-its (esos papelitos amarillos con adhesivo) para que la gente opinara y apoyara la iniciativa, empapelando finalmente la estructura, además del constante diseño de boletines y la participación en marchas y actos culturales, junto a decenas de amigos y estudiantes.

Se trabajó muchísimo y se produjo una enormidad, como pueden ver en la fotografía del muro de los originales, donde todo nuevo producto se exponía, junto a los bastidores, herramientas, esa fiel radio destruida, la olla de los elixires y algunos recuerdos más.

Quise hacer un pequeño homenaje al Taller Mano Alzada, tal vez nostálgico, tal vez demasiado breve para algunos, pero confórmense con que tanto la iniciativa como algunos estandartes creados allí, por ejemplo la consigna “Estudiantes por Chile”, se reeditan desde entonces, cada vez que los estudiantes unidos han requerido de nuevas versiones del taller de serigrafía y comunicaciones de Diseño en la FAU. Pasó con la Revolución Pingüina del 2006 y con los movimientos universitarios del 2010 recién pasado, entre otros. Un honor haber presenciado un fragmento positivo de nuestra historia.

martes, 29 de marzo de 2011

Cultura APLAPLAC



¿Qué es APLAPLAC?
Pese a que este nombre nace hace más de 12 años dentro de Plan Z, el bizarro y exitoso programa convertido en una suerte de leyenda moderna, APLAPLAC sigue existiendo hoy como productora de televisión.

Es probable que muchos de los que hayan visto los capítulos de Plan Z, ya sea a fines de los noventa por Canal 2 -Rock and Pop- o a través de su posterior almacenamiento ultra visitado en Internet, recuerdan sonrientes que el concepto APLAPLAC nace para nominar un instituto de estudios superiores de bajísima calaña. Estuvo presente en sketchs como una ácida sátira de las decenas de instituciones privadas “educativas” que aparecían ya como maleza en esos días, muchas veces con lamentables campañas comunicacionales y publicitarias.

Pero APLAPLAC no se detuvo ahí. Álvaro Díaz y Pedro Peirano, integrantes fundadores y creativos de Plan Z, junto a Juan Manuel Egaña, se asocian el año 2001 bajo esta marca dando vida a una productora con un sello muy peculiar, desarrollando proyectos diversos desde entonces.

Entre sus exitosas creaciones, uno de los principales aciertos a nivel local y también continental, es 31 Minutos, serie tipo noticiero/musical de títeres y marionetas que se transmitió en Chile entre el 2003 y el 2005, pasando luego a la pantalla grande como 31 Minutos, la película tres años después, con 5 discos asociados, varios objetos de merchandising, apariciones en campañas publicitarias e incluso llegando a las tablas del teatro este 2011, demostrando ser mucho más que un “programa infantil”. Junto a este proyecto, la productora ha estado tras un amplio abanico de productos culturales y de entretenimiento. Ejemplos de ello son los programas Sangre, sudor y lágrimas y Mira tú o la serie documental Un país serio, referida a la realidad identitaria chilena, que inicialmente saldría al aire por Canal 13, pero luego de censuras de última hora, peleas judiciales, transmisión parcial en Red Televisión y un par de años de vaivenes se comenzó a liberar hace poco vía Internet.

Siempre con una mirada simpática, pero no por ello menos irónica y seria en cuanto a contenidos, APLAPLAC sigue fuerte. En solo un par de días me topé con noticias del show en teatro de 31 minutos en la revista Wikén, un comentario online sobre las capítulos de Un país serio y una mención televisiva a Plan Z. Además, hace un buen tiempo descubrí el blog del mismísimo Peirano, donde nos comparte sus geniales personajes ilustrados (que pueden encontrar entre los recomendados de mi blog), y alguna vez hablé de él por su relación con la película La Nana. Y así, esta marca (y sus gestores) suma y sigue.

Es un agrado saber cómo surgen las buenas iniciativas locales y juveniles sobrevivientes, y es siempre interesante mencionar parte de su historia, junto a seguir escudriñando, pues en más de algún proyecto (viejo o nuevo) seguirán apareciendo. Aplaplaquízate.

Para ver más: Aplaplac.cl