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domingo, 17 de octubre de 2010

Simplemente: Das Gute Bier!



¿Una Kunstmann bien helada?
Por estos días en que al fin pareciera estar llegando el verano, una cerveza siempre es bienvenida, mejor aun si es de confección local y de buen sabor como esta marca que personalmente me gusta de sobremanera, y es por ello que le dedico algunas líneas.

Kunstmann se ofrece como una cerveza premium nacida de una microcervecería de carácter familiar con tradición alemana, ubicada en la ciudad de Valdivia. Justamente en la tradición, desde 1851 en la zona con la fábrica Adwanter, y en su calidad, premiada ya desde 1869, está lo que la hace una cervecería distinguida dentro de la amplia oferta del área en nuestro país, desde el año 1990 cuando Armin Kunstmann decide recuperar esta historia de la cerveza en la zona, luego del tropiezo ocurrido por la destrucción de las instalaciones de Andwanter para el Terremoto de 1960.

Cuando en el año 2002 se supo la noticia de que Cervecería Valdivia S.A. se asociaba con CCU, creo que varios sentimos el temor de que se tratara de una drástica estrategia para eliminar a Kunstmann como competencia del producto nacional: Cristal y Austral, o de sus marcas asociadas internacionales: Paulaner, Heineken o Budweiser. Por suerte, esta participación, correspondiente a un 50% de la marca valdiviana, significó muy por el contrario un empujón, levantando el nombre de Kunstmann a nivel local como cerveza de producción artesanal con su personalidad familiar y alemana, aprovechando los canales de distribución que brinda CCU, tal como menciona Armin Kunstmann, presidente ejecutivo de la compañía, en su página web.

Vale mencionar, además, que desde el mismo año de la sociedad con CCU, Kunstmann lleva a cabo la Bierfest cada año, muy a la usanza alemana, en La Cervecería, local ubicado entre Valdivia y Niebla, donde todo el año (y no es cuento, realmente abren todos y cada uno de los días del año sin excepción) se puede probar su gran variedad de ofertas en cerveza, acompañando un sándwich, un plato o algún picadillo, también al estilo chileno-alemán, tan típico de nuestro sur. Absolutamente recomendable para visitar y probar cervezas desde sus variedades clásicas, hasta algunas sin filtrar o incluso producida en base a trigo. Y si se quiere comprar cerveza para llevar, o poleras, llaveros, sombreros y otros productos de merchandising, tienen una tiendita allí mismo.

Corriendo el riesgo de sonar a promotor financiado por la marca para promocionar por la red de redes a través de este espacio personal, invito a todos los amantes del brebaje en base a cebada a probar las variedades que Kunstmann nos ofrece. Creo que el precio vale la calidad de sus productos, apoyando además la producción sureña nacional y mejor si pueden visitar La Cervecería, que como local ofrece un muy buen servicio y una buena experiencia de marca.

Por estos días es la Fiesta de la Cerveza y el Festival de Cine en Valdivia. Mis saludos y envidias a los amigos que deben estar en estos mismos momentos con una cerveza en la mano luego de una buena película chilena. ¡¡¡Salud!!!

Enlaces: www.cerveza-kunstmann.cl / www.lacerveceria.cl

viernes, 11 de septiembre de 2009

Intervenciones artísticas y reacciones chilenas



¿Siempre reaccionamos mal frente a las instalaciones artísticas?
El lunes recién pasado se inauguró en Valdivia “El Bosque del Conocimiento” o Bosque de Lápices, una intervención urbana hecha por alumnos de la Escuela de Artes Visuales de la Universidad Austral y esa misma noche, un grupo de vándalos la destruyó.

La obra estaba planeada para durar un mes en el Paseo Libertad de la ciudad, pero no duró ni 24 horas. Para más remate, el hecho noticioso no fue tanto la obra de arte, sino el cómo vándalos arrasaron con ella y las posteriores reacciones. El alcalde Bernardo Berger alegaba al Diario Austral por las perforaciones efectuadas en la avenida para llevar a cabo la intervención, que luego de la destrucción nocturna generaba un gran problema pues “las mujeres con taco podrían sufrir inconvenientes”. Frente a ello, Jorge Hernández, director de la Escuela de Artes Visuales de la Universidad Austral, respondió públicamente que “el alcalde se quedó en la acuarela y le preocupan más los tacos que el trabajo de 25 alumnos para la ciudad”, asegurando, además, que los hoyos y todo el aparataje de la intervención urbana tenían las autorizaciones debidas.

Los puntos de vista y opiniones pueden ser múltiples. Quizás algunos encuentren poco importante el tema mismo de las instalaciones artísticas en las ciudades, otros aborrecerán las reacciones inescrupulosas de grupos de vándalos que arrasan con lo que se topan, o encontrarán inconcebibles las declaraciones del alcalde o la respuesta insolente del profesor encargado de la intervención. Pero hay algo que no puede discutirse. Lo básicas que son las reacciones en general a este tipo de obras en Chile.

No es primera vez que vemos cómo en nuestro país nos cuesta responder a estímulos de las “artes modernas”. Solo a modo de revisión podemos mencionar algunos ejemplos del pasado. La Casa de Vidrio el año 2000 y su poca duración debida a que los hombres estaban a punto de meterse al terreno de la obra financiada por FONDART y devorarse a la actriz Daniela Tobar que la habitaba. Los peces en jugueras expuestos por Mario Evaristti en el 2001 en Galería Animal, que llegó al borde de las demandas e intentos de agresión y amenazas contra este “loco” y “nazi de los animales”. Las caminatas de una joven de 17 años desnuda, Baby Vamp, por las calles de Santiago el 2002, la incredulidad de los transeúntes y los exaltados juicios sociales al acto protagonizado una menor de edad, que terminaron con el autor preso.

Pueden parecernos más o menos creativas, útiles o inteligentes las distintas intervenciones artísticas que se hagan en nuestras ciudades por estos días, pero ha sido reiterativa la falta de serenidad y confianza en nosotros mismos la que ha generado los escándalos mediáticos y hasta legales en torno a estos actos y no así las obras mismas. Si no hubieran destruido “El Bosque del Conocimiento” y no se preocuparan de los posibles accidentes con el calzado femenino, si no se hubieran vuelto locos los transeúntes que pasaban por fuera de La Casa de Vidrio, si no hubiera habido intentos reales de personas para echar a andar las jugueras con peces y no hubieran habido incluso periodistas pidiéndole a Baby Vamp que se sacara la mochila y se “diera una vueltita para la cámara”, nada malo habría pasado a partir de estas intervenciones. Piensen que son hechas justamente con el fin de generar reacciones en el público, y el éxito o perversidad que alcancen dependerá de la altura de los asistentes (o verdaderos actores) al show.

Referencias: Óscar Valenzuela, "Obra de arte valdiviana. Lápices gigantes fueron arrasados por vándalos", Las Últimas Noticias, Jueves 10 de septiembre / Y datos recopilados por la memoria personal y la red