miércoles, 30 de septiembre de 2009

Dawson, Isla 10. Una cinta prometedora



¿Qué idea tienen sobre esta película?
El 10 de septiembre de este año se estrenó “Dawson, Isla 10”, película dirigida por Miguel Littin, basada en el libro “Isla 10” de Sergio Bitar, donde se narra su historia como arte de un grupo de prisioneros políticos dentro del campo de detención en Isla Dawson, a 53 kilómetros por mar de unta Arenas, bajo el yugo de los militares durante la dictadura militar chilena.

Miguel Littin, único director nacional nominado a los premios Oscar en dos ocasiones, se caracteriza por hacer proyectos cinematográficos ligados fuertemente a Chile y Latinoamérica, además de Palestina, por su origen. Sumado a esto, un dato importante es que fue exilado luego de Golpe Militar en nuestro país, y ello se ve reflejado en su obra en general, como en el interés de llevar a cabo esta producción en espacial.

Particularmente en este film, la idea es mostrar lo que pasaba dentro de un campo de detención durante el régimen del General Augusto Pinochet, siendo la primera película que toca el tema de los oprimidos y los opresores en el lugar mismo de los hechos, en este caso, bastante aislados.

Fue clave que el lanzamiento haya sido un día antes del aniversario del Golpe Militar del 11 de Septiembre, y se agradece que se traten temas de nuestra historia, más o menos reciente, desde distintas perspectivas, parajes y personajes. La fotografía y la producción son muy buenas. Dan pie a un reconocimiento y transmisión fiel del ambiente, el entorno geográfico y humano, determinantes de la experiencia de quienes protagonizaron esta historia. Pero, el proyecto buscaba reflejar también las penas psicológicas y físicas de las que fueron objetivo un grupo de líderes y autoridades de la izquierda allendista, y es allí donde uno puede quedar con gusto a poco.

El desarrollo de personajes es más bien un boceto. El propio Benjamín Vicuña, quien encarna el personaje de Sergio Bitar, se percibe como demasiado hermético. Igual que sus compañeros de encierro, entre los que están Orlando Letelier y José Tohá, fuertes íconos del periodo, dejan mucho por conocer. Más allá de que el encierro y la situación adversa pueda realmente haber tenido a los presos comúnmente silenciosos y en actitudes parcas, no por ello son seres sin sustancia. Por otro lado, sorprende el tratamiento de algunos personajes militares. Luis Dubó sale de ese papel del chileno popular típico tan repetido en que lo vemos en series y películas, generando un oficial con harto fondo y personalidad, así como Sergio Hernández, uniformado a cargo del centro de detención, e incluso Cristián de la Fuente en un papel que de ser más bien secundario pasa a primera fila principalmente por el fuerte carácter del rol.

Sin haber leído el libro, no puedo hacer comparaciones o apreciaciones respecto del hilo conductor o la visión del autor del texto original. Lo que si, se notan, al menos esbozados, todos los elementos para una reconstitución desde adentro de la historia, aunque muchas veces en este tipo de apuestas, uno es exigente y suele esperar más. Creo que en este caso, que aparte de algunos personajes específicos, el montaje mismo del proyecto, la idea de adaptación a la pantalla grande, la locación, la calidad y el esfuerzo de producción de filmarlo en el mismísimo lugar del los hechos se roban un poco la película, que ni siquiera sabría bien si definir como semi-documental, drama o reconstrucción adaptada.

Referencias y fotografías: Dawsonlapelicula.cl

domingo, 27 de septiembre de 2009

El Roto Chileno



¿Por qué hay un monumento al Roto Chileno?
No deja de llamar la atención que una estatua al Roto Chileno; personaje urbano y pobre siempre presente y discriminado en nuestra historia, sea tan respetada y popular, incluso tal vez más que muchos otros monumentos a grandes próceres de la patria y triunfos independentistas nacionales que podemos encontrar en distintas plazas y construcciones de las ciudades de Chile.

Se dice que su autor, Virgilio Arias, no la habría construido por encargo, sino que por propia iniciativa cuando estudiaba en Paris, al mismo tiempo que se llevaba a cabo la Guerra del Pacífico entre Chile y la Confederación Peruano-Boliviana. Inicialmente el título de la obra fue “Héroe del Pacífico”, y bajo este nombre fue expuesta en el Salón de Paris. Dos años más tarde la estatua fue distinguida con la medalla de oro en la Exposición Nacional de Santiago, y probablemente ahí fue cuando la Municipalidad de Santiago decide comprarla para darle un lugar en el centro de nuestra capital.

Finalmente, la estatua sería colocada en la Plaza Yungay, ícono del barrio céntrico de Santiago, fundada por el Presidente José Joaquín Prieto para honrar la batalla del mismo nombre. La obra misma se posa sobre un pedestal de cemento que emula una gruta natural, cuya inscripción dice “Chile agradecido de sus hijos por sus virtudes cívicas y guerreras”. Así, podemos ver como este homenaje al pueblo popular chileno, representado en el roto, se alza como ícono de ciudadano y guerrero, pese a su poca participación en el gobierno y falta de instrucción bélica.

En el monumento se designa al personaje como Justo Estay, arriero guía de San Martín, siendo que el joven esculpido pareciera ser un labrador, viste de camisa y pantalón arremangados, afirma un fusil en su mano derecha. Si bien, no es seguro que el autor haya hecho la obra pensando específicamente en Justo Estay, es obvio que representa al trabajador del bajo pueblo que fue enrolado en las tropas chilenas, generalmente más a la fuerza que por propia decisión, y formó parte del grupo que luchó tantas batallas para conseguir la independencia que estamos festejando por estos días de Bicentenario.

Para levantar más aún al Roto Chileno, desde 1889, cada 20 de enero se celebra allí, en plena Plaza Yungay alrededor de la estatua, la Fiesta del Roto Chileno, más conocida como El Día del Roto Chileno.

Este símbolo se alza como ícono concreto y cercano de patriotismo y chilenidad. Puede que aun sea discutible la atención que realmente se le da al roto chileno por parte de quienes llevan el país, pero, aunque forzado, éste ha luchado por la República y ha demostrado cualidades impensadas hace dos siglos. Es parte fundamental de nuestra identidad e imagen país, como cimiento y esqueleto de la construcción de la sociedad chilena. Esto último lo saben muy bien quienes han jugado con los símbolos patrios y los estandartes de chilenidad desde hace ya muchos años. Lo demuestra la inclusión y el énfasis histórico que se le ha dado a este personaje popular, no solo ad portas del Bicentenario, sino desde que se comenzó con la construcción de Chile como nación imaginada por parte del estado, como con el caso de la estatua.

Fuentes consultadas: Julio Pinto Vallejos y Verónica Valdivia Ortiz de Zárate, ¿Chilenos todos? La construcción social de la nación (1810-1840), LOM Ediciones, 2009.
Icarito.cl

lunes, 21 de septiembre de 2009

Nuestra bandera nacional



¿Izaron sus banderas en estas fiestas patrias?
Desde principios del siglo XIX en Chile, entre batallas y ceremonias para lograr aquella independencia nacional tan recordada últimamente, los símbolos empezaron a tomar relevancia como herramientas de realce y unión social entre los habitantes de esta República.

Durante las primeras décadas del 1800 se crean, modifican y establecen varios símbolos patrios importantes, como la bandera, la escarapela y el escudo, o el himno nacional, en el ámbito más abstracto. La bandera del incipiente Chile independiente tuvo dos versiones claramente reconocibles previas a la que actualmente conocemos. La primera versión, en 1812, constaba de tres franjas horizontales, de colores azul, blanco y amarillo, y en su centro se enmarcaba una pareja indígena mapuche junto a una columna, símbolo de libertad. Luego, para 1817 sería cambiada por una con tres franjas horizontales, de colores azul, blanco y rojo, y la columna jónica en el centro. Finalmente, para el juramento de la independencia del 12 de febrero de 1818, se harían los últimos cambios que llevarían al diseño que hoy en día conocemos y colocamos en nuestros hogares, autos y negocios para las fiestas patrias.

A mediados de la semana recién pasada, en vísperas del 18 de septiembre, la presidenta Michelle Bachelet en persona presentó oficialmente la mismísima bandera sobre la que se juró la independencia de Chile. Desde ahora, quien quiera podrá apreciarla en uno de los salones del Museo Histórico Nacional, en Plaza de Armas.

El año 1925 ya había pasado a ser parte de la colección del Museo Histórico Nacional, pero en 1980 fue robada por el MIR como protesta ante el Régimen Militar. Y no fue hasta diciembre del 2003 que fue encontrada y devuelta acompañada de un comunicado firmado por Andrés Pascal Allende, donde se aseguraba que el emblema había sido “recuperado de manos de la tiranía”, custodiándolo hasta el momento de la vuelta a la democracia.

Para poder volver a exponer la bandera al público, Catalina Rivera y Francisca Campos llevaron a cabo un minucioso proceso de restauración entre octubre del 2008 y septiembre del presente año, trabajando sobre problemas de pérdida de material, desgaste y descolorido, entre otros, todo en el marco de la celebración por el Bicentenario Nacional.

Así se ha recuperado a un protagonista de la historia del imaginario y la imagen propiamente tal de lo que conocemos como Chile. Si bien se trata de trozos de género y figuras quizás antojadizas, son este tipo de elementos los que se alzan para representar a nuestro país en distintas instancias, desde encuentros gubernamentales o actos militares, hasta escenas como las de Nicolás Massú y Fernando González en el tenis, donde terminan envueltos en ellas luego de hacer sufrir al país por varias horas frente a sus televisores, unidos por Chile, sostenidos por un sin fin de símbolos.

Referencias: Julio Pinto Vallejos y Verónica Valdivia Ortiz de Zárate, ¿Chilenos todos? La construcción social de la nación (1810-1840), LOM Ediciones, 2009.
Emol.cl
Ilustración original de Fray Pedro Subercaseaux

lunes, 14 de septiembre de 2009

Packaging; Imagen de exportación chilena



¿Vale la pena dejar de ahorrar en el diseño de empaque de productos para la exportación?
Chile hace algún tiempo es una creciente potencia agroalimentaria de exportación. La evolución en el área del packaging es cada vez mayor y más detallada, existen varias empresas dedicadas a este negocio que invierten constantemente, llevándola a crecer en dos dígitos en los últimos cinco años.

Atrás quedaron los días en que nuestras exportaciones de fruta eran hechos en toscos cajones de madera. Actualmente el objetivo es adaptar los envases de transporte para que los productos lleguen directamente a los consumidores, evitándole trabajo a los compradores extranjeros y brindándole al consumidor final datos relevantes sobre el origen de elaboración e información respecto al medio ambiente e inocuidad de los productos.

El negocio del packaging en nuestro país supera los US$ 2.200 millones anuales. Este tipo de diseño ha dejado de estar centrado en la creación de soportes resistentes, pasando a preocuparse de la imagen que viste a nuestros productos de exportación; su limpieza y utilidad visual y también biológica. Claro ejemplo de ello es el caso de los berries exportados por VitalBerry. “En 1993 se exportaban berries en pocillos de cartón tapados con papel celofán y amarrados con un elástico. Hoy van en pocillos individuales de plástico que se degrada más rápidamente, de 310 gramos", según explica su gerente comercial, Felipe Juillerat.

La gracia detrás de esta evolución en el diseño de empaques de los productos de exportación chilenos tiene que ver con un cambio en la filosofía detrás de los envases y sus etiquetas. Desde el concepto de fondo hasta las exigencias específicas de los mercados meta son minuciosamente estudiados para el desarrollo de modificaciones o creaciones de nuevos packagings. Se busca reflejar el compromiso ambiental y la practicidad en los empaques de los productos, lo que ha significado importantes inversiones, pero que definitivamente se han recuperado con las alzas en ventas y fidelidad de productos nacionales en el exterior. Se ha logrado convencer y seducir a los compradores de las ventajas y virtudes de distintos productos, como algunos vinos, pescados y frutas, mediante el diseño adecuado de packaging capaz de vender, contener, transportar, proteger, cuidar y comunicar.

Ya se está trabajando en envases inteligentes, como salidos de una película de ciencia ficción, que cambien de color según el estado en que se encuentran los alimentos que contienen o que modifiquen y mantengan atmósferas ideales dentro de los envases de distintos tipos de productos.

Sin necesariamente tener impresa la bandera chilena en cada envase, se consolida también nuestra imagen país. Ya no basta con tener diseños bonitos, ahora es fundamental que sean efectivos, prácticos y llamativos. El producto y su packaging son igualmente importantes a la hora de la decisión de los consumidores en las góndolas de los supermercados. Debemos diseñar y vender bien la imagen y personalidad de nuestros productos, y de paso de nuestro país.

Datos obtenidos en: Natalie Traverso V., “Nuevas tendencias en packaging. Envases, la imagen sí importa” y “La nueva era del packaging”, Diario.elmercurio.com, lunes 7 de Septiembre, 2009.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Intervenciones artísticas y reacciones chilenas



¿Siempre reaccionamos mal frente a las instalaciones artísticas?
El lunes recién pasado se inauguró en Valdivia “El Bosque del Conocimiento” o “Bosque de Lápices”, una intervención urbana hecha por alumnos de la Escuela de Artes Visuales de la Universidad Austral y esa misma noche, un grupo de vándalos la destruyó.

La obra estaba planeada para durar un mes en el Paseo Libertad de la ciudad, pero no duró ni 24 horas. Para más remate, el hecho noticioso no fue tanto la obra de arte, sino el cómo vándalos arrasaron con ella y las posteriores reacciones. El alcalde Bernardo Berger alegaba al Diario Austral por las perforaciones efectuadas en la avenida para llevar a cabo la intervención, que luego de la destrucción nocturna generaba un gran problema pues “las mujeres con taco podrían sufrir inconvenientes”. Frente a ello, Jorge Hernández, director de la Escuela de Artes Visuales de la Universidad Austral, respondió públicamente que “el alcalde se quedó en la acuarela y le preocupan más los tacos que el trabajo de 25 alumnos para la ciudad”, asegurando, además, que los hoyos y todo el aparataje de la intervención urbana tenían las autorizaciones debidas.

Los puntos de vista y opiniones pueden ser múltiples. Quizás algunos encuentren poco importante el tema mismo de las instalaciones artísticas en las ciudades, otros aborrecerán las reacciones inescrupulosas de grupos de vándalos que arrasan con lo que se topan, o encontrarán inconcebibles las declaraciones del alcalde o la respuesta insolente del profesor encargado de la intervención. Pero hay algo que no puede discutirse. Lo básicas que son las reacciones en general a este tipo de obras en Chile.

No es primera vez que vemos cómo en nuestro país nos cuesta responder a estímulos de las “artes modernas”. Solo a modo de revisión podemos mencionar algunos ejemplos del pasado. La Casa de Vidrio el año 2000 y su poca duración debida a que los hombres estaban a punto de meterse al terreno de la obra financiada por FONDART y devorarse a la actriz Daniela Tobar que la habitaba. Los peces en jugueras expuestos por Mario Evaristti en el 2001 en Galería Animal, que llegó al borde de las demandas e intentos de agresión y amenazas contra este “loco” y “nazi de los animales”. Las caminatas de una joven de 17 años desnuda, Baby Vamp, por las calles de Santiago el 2002, la incredulidad de los transeúntes y los exaltados juicios sociales al acto protagonizado una menor de edad, que terminaron con el autor preso.

Pueden parecernos más o menos creativas, útiles o inteligentes las distintas intervenciones artísticas que se hagan en nuestras ciudades por estos días, pero ha sido reiterativa la falta de serenidad y confianza en nosotros mismos la que ha generado los escándalos mediáticos y hasta legales en torno a estos actos y no así las obras mismas. Si no hubieran destruido “El Bosque del Conocimiento” y no se preocuparan de los posibles accidentes con el calzado femenino, si no se hubieran vuelto locos los transeúntes que pasaban por fuera de La Casa de Vidrio, si no hubiera habido intentos reales de personas para echar a andar las jugueras con peces y no hubieran habido incluso periodistas pidiéndole a Baby Vamp que se sacara la mochila y se “diera una vueltita para la cámara”, nada malo habría pasado a partir de estas intervenciones. Piensen que son hechas justamente con el fin de generar reacciones en el público, y el éxito o perversidad que alcancen dependerá de la altura de los asistentes (o verdaderos actores) al show.

Referencias: Óscar Valenzuela, "Obra de arte valdiviana. Lápices gigantes fueron arrasados por vándalos", Las Últimas Noticias, Jueves 10 de septiembre / Y datos recopilados por la memoria personal y la red

lunes, 7 de septiembre de 2009

¿Retrato de un Antipoeta?



¿Será posible retratar a Nicanor Parra en un documental?
Este domingo fui por primera vez a la Sala VIP del Hoyts de La Reina a ver “Retratos de un Antipoeta”, el documental de seguimiento a Nicanor Parra estrenado hace poco.

Para los que no sabían de su existencia o nunca han ido, la Sala VIP de La Reina se encuentra en el quinto piso del complejo, donde solo se puede llegar por un ascensor escondido en un rincón. A decir verdad, de VIP no tiene más que pocas butacas más cómodas que las convencionales, una bebida y unas cabritas incluidas en los $4.700 de la entrada. ¿Por qué pagar esa cantidad?, en este caso, porque el documental no duró ni dos semanas en cartelera normal y pasó a estar solo en las Salas VIP de La Reina y Viña del Mar, y yo, no quería perdérmela en pantalla grande.

Nicanor Parra, nació el 5 de septiembre de 1914 y pese a ser el mayor de los hermanos Parra, ha sobrevivido a la partida de Violeta, Roberto y Eduardo, y pareciera aun tener pila para rato.

Puede sonar extraño que haya estudiado y enseñado matemáticas y física en la universidad, pero en realidad, es un personaje tan complejo (y a la vez tan simple), que muchas sorpresas nos podemos llevar con él. Se autodefine como antipoeta e incluso se le atribuye la responsabilidad del movimiento de antipoesía a nivel global. Ha escrito varios libros, confeccionado obras y exposiciones de artefactos con este estilo; repleto de clichés y sátira directa, por medio del lenguaje coloquial. Ha sido reconocido con premios como Doctor Honoris Causa de la Universidad de Brown y Honorary Fellow de la Universidad de Oxford, en el extranjero, y el Premio Nacional de Literatura y el Premio Bicentenario de la Corporación Cultural de Chile y la Universidad de Chile.

De Nicanor Parra podría hablarse infinitamente, pero no sería fácil lograr un retrato que le haga justicia a su particular universo, y creo que esa es la gran piedra de tope de este documental, pues se queda en el formato clásico del documental para acercarse a un personaje poco clásico.

El autor demuestra un potente interés y deja en claro que durante los cerca de 10 años de realización del proyecto, en los que se hizo un seguimiento del antipoeta en sus casas de La Reina y Las Cruces, además de sus apariciones en eventos como ferias del libro y premiaciones, hasta el mismo Nicanor pasó a ser enemigo por momentos, según su cambiante impresión acerca del proyecto. Pero el documental se terminó y llegó a las grandes salas de cine (aunque haya durado poco en cartelera popular), y no se ve como un producto terminado, sino más bien como un collage; como una selección de momentos semi-ordenados sin un objetivo ni un desarrollo claros. Creo que de no ser por la fuerza y contenido del protagonista, por las acciones y discursos de Nicanor Parra, el obsesivo seguimiento fílmico y la empeñosa producción documental resultarían poco atractivos. Tal vez al antipoeta solo puede retratarse en la pantalla grande a través de un antidocumental.

Datos recogidos: Visita a la Sala VIP del Cine Hoyts de La Reina para ver “Retratos de un antipoeta”. Nicanorparra.cl / Wikipedia.org