viernes, 11 de septiembre de 2009

Intervenciones artísticas y reacciones chilenas



¿Siempre reaccionamos mal frente a las instalaciones artísticas?
El lunes recién pasado se inauguró en Valdivia “El Bosque del Conocimiento” o Bosque de Lápices, una intervención urbana hecha por alumnos de la Escuela de Artes Visuales de la Universidad Austral y esa misma noche, un grupo de vándalos la destruyó.

La obra estaba planeada para durar un mes en el Paseo Libertad de la ciudad, pero no duró ni 24 horas. Para más remate, el hecho noticioso no fue tanto la obra de arte, sino el cómo vándalos arrasaron con ella y las posteriores reacciones. El alcalde Bernardo Berger alegaba al Diario Austral por las perforaciones efectuadas en la avenida para llevar a cabo la intervención, que luego de la destrucción nocturna generaba un gran problema pues “las mujeres con taco podrían sufrir inconvenientes”. Frente a ello, Jorge Hernández, director de la Escuela de Artes Visuales de la Universidad Austral, respondió públicamente que “el alcalde se quedó en la acuarela y le preocupan más los tacos que el trabajo de 25 alumnos para la ciudad”, asegurando, además, que los hoyos y todo el aparataje de la intervención urbana tenían las autorizaciones debidas.

Los puntos de vista y opiniones pueden ser múltiples. Quizás algunos encuentren poco importante el tema mismo de las instalaciones artísticas en las ciudades, otros aborrecerán las reacciones inescrupulosas de grupos de vándalos que arrasan con lo que se topan, o encontrarán inconcebibles las declaraciones del alcalde o la respuesta insolente del profesor encargado de la intervención. Pero hay algo que no puede discutirse. Lo básicas que son las reacciones en general a este tipo de obras en Chile.

No es primera vez que vemos cómo en nuestro país nos cuesta responder a estímulos de las “artes modernas”. Solo a modo de revisión podemos mencionar algunos ejemplos del pasado. La Casa de Vidrio el año 2000 y su poca duración debida a que los hombres estaban a punto de meterse al terreno de la obra financiada por FONDART y devorarse a la actriz Daniela Tobar que la habitaba. Los peces en jugueras expuestos por Mario Evaristti en el 2001 en Galería Animal, que llegó al borde de las demandas e intentos de agresión y amenazas contra este “loco” y “nazi de los animales”. Las caminatas de una joven de 17 años desnuda, Baby Vamp, por las calles de Santiago el 2002, la incredulidad de los transeúntes y los exaltados juicios sociales al acto protagonizado una menor de edad, que terminaron con el autor preso.

Pueden parecernos más o menos creativas, útiles o inteligentes las distintas intervenciones artísticas que se hagan en nuestras ciudades por estos días, pero ha sido reiterativa la falta de serenidad y confianza en nosotros mismos la que ha generado los escándalos mediáticos y hasta legales en torno a estos actos y no así las obras mismas. Si no hubieran destruido “El Bosque del Conocimiento” y no se preocuparan de los posibles accidentes con el calzado femenino, si no se hubieran vuelto locos los transeúntes que pasaban por fuera de La Casa de Vidrio, si no hubiera habido intentos reales de personas para echar a andar las jugueras con peces y no hubieran habido incluso periodistas pidiéndole a Baby Vamp que se sacara la mochila y se “diera una vueltita para la cámara”, nada malo habría pasado a partir de estas intervenciones. Piensen que son hechas justamente con el fin de generar reacciones en el público, y el éxito o perversidad que alcancen dependerá de la altura de los asistentes (o verdaderos actores) al show.

Referencias: Óscar Valenzuela, "Obra de arte valdiviana. Lápices gigantes fueron arrasados por vándalos", Las Últimas Noticias, Jueves 10 de septiembre / Y datos recopilados por la memoria personal y la red

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